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“El consumo es un mal remedio, pero es el único que tienen los más pobres”

Carlos Vöhringer critica la ley 20.000 y el paradigma en torno al tratamiento del consumo problemático de drogas, en particular de los más vulnerables.

Crítico de la Ley 20.000, puesta en jaque a la luz del suicidio de un joven de 17 años de un colegio privado, el especialista habla sobre todo del cambio de paradigma en torno al tratamiento del consumo problemático de drogas, en particular de los más vulnerables.

Por Ximena Torres Cautivo

“Todos los que trabajamos seriamente en este tema sabemos cuán clave es puntualizar que no se puede establecer una relación causal entre la sanción del colegio -llamado a Carabineros y posterior suspensión del alumno, absolutamente ajustada a la ley- y el aparente suicidio del joven del colegio Alianza Francesa. Pero es imposible no reflexionar sobre la manera en que está construida nuestra  legislación. La ley 20.000 se sostiene en la creencia a ojos cerrados de que el problema de las drogas se resuelve dentro del dominio de lo penal, concepto absolutamente contraterapéutico, además de violento y peligroso, como se hizo evidente con crudeza a la luz de este caso”.

Quien habla es el psicólogo de la Universidad de Chile, magíster en psicología clínica de la Universidad Católica y terapeuta familiar del Instituto Chileno, Carlos Vöhringer (46), director de Paréntesis desde hace más de un año , pero con una década trabajando en el tema al que hasta entonces se denominaba “adicción” y hoy se llama “consumo problemático”.

Esta no es una mera cuestión semántica, como él mismo nos explica. Es un cambio de paradigma en en los tratamientos, en el más amplio sentido de la palabra. Agrega más datos: “En Estados Unidos existen entre 40 y 45 millones de usuarios problemáticos de drogas, de los cuales sólo 3 millones están o quieren ser tratados por su consumo. En Chile, las estadísticas hablan de unas 500 mil personas con consumo problemático de distintas drogas y de alcohol. De ellas, entre 50 y 60 mil declaran necesitar tratamiento y la oferta existente es de apenas 30 mil plazas a nivel nacional. Nosotros como Hogar de Cristo, a través de nuestra fundación Paréntesis, trabajamos dentro de esa oferta, con un pequeño porcentaje, de tratamientos altamente especializados para jóvenes y adultos, de extrema vulnerabilidad. El 2008 trajimos por primera vez al doctor en psicología Andrew Tatarsky, quien, a comienzos de los 2000, en Estados Unidos, desarrolló la Psicoterapia de Reducción de Daño, como una alternativa de salud pública a los modelos que criminalizan el consumo, descalifican moralmente a quienes consumen y consideran que el uso de drogas es una enfermedad. Nosotros suscribimos el modelo de Reducción de Daño de Tatarsky y otros”.

-¿Y el resto de la sociedad? ¿Crees que ha cambiado la percepción del consumidor de drogas en Chile?

-No, para nada. Hoy el paradigma para el tratamiento de las drogas sigue siendo el mismo, tanto para el Estado como para muchas instituciones. A nivel de política pública, la mirada ha cambiado poco. Todo tiene que ver con que a alguien en algún momento se le ocurrió decir que las personas que tienen consumo problemático de drogas para que se sanen, se rehabiliten, deben dejar completamente y para siempre el consumo de sustancias, porque la adicción es una enfermedad incurable, crónica, mortal. Y que la única solución es la abstinencia. Nosotros flexibilizamos ese énfasis. No creemos que la abstinencia sea la única meta aceptable y la única medida de éxito de los tratamientos.

-¿Cómo lo ven ustedes entonces?

-Primero: no creemos que el consumo problemático de drogas sea una enfermedad. Segundo: la evidencia nos demuestra que las personas que tienen consumos más crónicos y compulsivos suelen acarrear historias de traumas, abusos, situaciones críticas, donde las drogas y el alcohol surgen como una solución, como un remedio. Como un mal remedio, por así decirlo, con todas las consecuencias dañinas asociadas. Es una mala solución a la que recurren muchas personas porque no tiene otra salida. Piensa en el consumo de las personas en situación de calle, donde el alcohol puede ser la manera de sobrellevar el frío extremo que significa dormir a la intemperie. Piensa en un adolescente en crisis, sin apoyos, confundido.

Las estadísticas del Segundo Catastro de Personas en Situación de Calle, del año 2011, indican que el 41.5% presenta consumo problemático de alcohol y un 19.9% de otras drogas. Esas personas, de acuerdo a Carlos, son las más estigmatizadas de todas. Dice: “Palean el frío, el hambre, el dolor, la desesperanza, la falta de horizontes, así. Eso es lo que vemos que les pasa también a los viejos de las hospederías, a los hombres y mujeres en situación de calle. Que recurran al ‘pelacables’ no es casual. Porque a lo ya expuesto, se suma que la mirada que tienen de ellos otros seres humanos también los daña. Se tacha al consumidor problemático de flojo, vicioso, mentiroso, se piensa que nunca va a cambiar. Y si a esa suma de mitos y prejuicios, se suma que es pobre, está frito, no tiene cómo salir de ahí”.

-¿Qué ofrece el modelo de Paréntesis?

-Lo primero que requieren las personas en esta situación es un espacio donde antes que les digan lo que tienen que hacer, es que los escuchen, los dejen elaborar y desde ahí, eventualmente, resuelvan si dejan o no dejan el consumo. La mayoría de los seres humanos consumimos o hemos consumido drogas lícitas e ilícitas. No es que por obra de magia una molécula entró en mi cuerpo y me hice dependiente de una droga. Si tomas lo haces para algo, si fumas, lo mismo. Las drogas están con nosotros desde el comienzo de la historia. Cada momento histórico tiene su droga y su explicación, desde los fumaderos de opio en la Colonia hasta los solventes volátiles que entraron fuertemente en los 80, pasando por el alcohol, que diezmó poblaciones enteras en los campos.

Hoy el alcohol, la marihuana y mucho psicofármaco que se vende “a quina (500 pesos) la tira de 10 o 12 pastillas en las ferias libres y se conocen como ‘los trencitos’”, son lo que más consumen los sectores vulnerables de la sociedad. En materia de alcohol, el famoso “pelacables”, un destilado absolutamente ilegal por su toxicidad, que también vale “quina”, lo mismo que ¡tres litros! de ron importado ilegalmente desde Argentina que se comercializa en bolsas, son el recurso de los que no tienen nada.

Todos los especialistas en el tema están a la expectativa de que Senda, el organismo estatal encargado del tema, dé a conocer la encuesta de consumo de drogas y alcohol, que ya está lista y debería publicarse en breve. Se especula que vendría mala, en especial a lo que a los jóvenes se refiere. Y llama la atención que Senda dependa del Ministerio del Interior, y no del de Salud. Que la aproximación al consumo problemático de drogas sea desde el control social, desde la seguridad pública, más que de la persona.

Paréntesis, que pone a la personas con problemas al centro, cuenta con 330 trabajadores, 350 voluntarios, 24 programas especializados y presencia de Arica hasta Temuco. Su causa está vinculada fundamentalmente al trabajo terapéutico especializado en jóvenes y adultos de extrema vulnerabilidad.

Ahora mismo trabaja en varios y atractivos programas, como La Esquina, que se desarrolla en Coquimbo, con jóvenes de poblaciones de alta vulnerabilidad, buscando lograr el pleno ejercicio de sus derechos y la prevención de conductas de riesgo en el amplio sentido de la palabra. “No hablamos sólo de consumo de drogas, sino de mucho más, que va desde prevenir la violencia intrafamiliar hasta lograr la reinserción escolar de los chicos excluidos de la educación. Eso lo hacemos en alianza con nuestra fundación Súmate. Ahí hay que poner las fichas, en la inclusión en todo sentido. Debemos ampliar la mirada del tema, poner al chiquillo al centro”.

También estamos validando un modelo de prevención en los colegios de sectores pobres, donde lo más interesante es que estamos formando a los padres y a los apoderados. “Eso lo estamos haciendo en la comuna de Independencia y ha andado muy bien. La prevención amplia en colegios y comunidades es clave. Es un tema transversal en territorios que hoy están tomados por el narco”.

-¿Qué piensas de la labor de los párrocos en poblaciones críticas en materia de tráfico, como el del cura Pepe, que trabaja en las villas miseria porteñas y estuvo de visita aquí en Paréntesis?

-Es importante. Es una manera de evangelizar desde la acción con la comunidad, es además acompañar a los padres, madres, que temen por sus hijos. No se pretende que profesionalicen su actuar con equipos terapéuticos en las parroquias, pero sí que acompañen a los vecinos.  Acompañar es parte también de nuestra misión; eso a mí, en lo personal, me motiva. Así como me motiva contribuir a la mejora de la ley 20 mil, que debe ser modificada. Meternos en el tema de las mujeres y las drogas, es importante, porque aunque el consumo es un fenómeno más masculino, el estigma que pese sobre las mujeres consumidoras es doble. Son malas madres, malas esposas, malas parejas, malas hijas. Y se deterioran mucho más que los hombres; es sabido que la mujer tiene menos capacidad de metabilizar el alcohol, por ejemplo. Las mujeres que consumen vienen de contextos de mucho daño, de violencia, de explotación y comercio sexual. Y vienen muy deterioradas, físicamente menoscabadas. Acá, los efectos de la terapia de reducción de daño se notan desde la recuperación de la cara, ellas vuelven a reconocerse a sí mismas en el espejo. Es notable, emocionante y parte de lo mucho que tenemos que hacer. Y estamos embaladísimos en ello.