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Margarita, telefonista de Fono Paréntesis: “El sólo hecho de escuchar ya es una ayuda”

Es voluntaria de Fono Paréntesis desde hace 14 años. Las historias que escucha están cargadas de dolor, desesperación y malas decisiones. Ella no es psicóloga, no es asistente social, pero sí tiene la habilidad de saber escuchar, acoger y -sobre todo- de no juzgar.

En poco más de una hora de entrevista, Margarita atendió tres llamadas. En las comunas de El Bosque, Conchalí y Lonquimay, en la provincia de Malleco, Región de la Araucanía, dos mamás y una hermana, respectivamente, pedían ayuda sobre qué hacer con un pariente con problemas de consumo.

“A uno le cuentan de todo”, dice Margarita, “y ahí estamos para escuchar. Muchos no saben cómo abordar a un familiar que tiene problemas de consumo de alcohol o drogas y nos preguntan qué pueden hacer, qué se les dice, cómo se acercan. Te cuentan que lo retaron, que lo echaron de la casa y ahí uno les pregunta si les dio resultado. La respuesta obviamente es no, entonces busquemos otra solución les digo. Porque uno no puede juzgar a la mamá por sacar a su hijo de la casa. Por ejemplo, a la hermana que llamó recién, le aconsejé que se sentara a conversar con él, pero que al hacerlo, no lo juzguen si llega con consumo. Tenemos que acoger a quien está llamando porque tienen un tremendo problema, pasan por mucha violencia, les roban y también tenemos que aconsejarle que ella a su vez también acoja al pariente que tiene problemas y que lo que necesita es a su familia para que lo apoye”.

Fono Paréntesis, perteneciente a la Fundación del mimo nombre, es atendido por alrededor de 10 voluntarias, todas mujeres, que en un sistema de turnos de a dos, reciben llamados de todo Chile desde las 9 de la mañana hasta las 5 y media de la tarde. Ninguna tiene estudios formales relacionados al tratamiento de personas con problemas de adicción, pero a lo largo del voluntariado se les capacita constantemente en temas como el consumo en adolescentes y la reducción del daño, por nombrar algunas áreas.

Al llevar este servicio a cifras, Fono Paréntesis recibe cerca de 200 llamados al mes, la mayoría provenientes de la Región Metropolitana, donde la mayor cantidad de inquietudes vienen de la zona sur de la capital, como Puente Alto y La Pintana. Le siguen Quinta Normal y Pudahuel en el sector occidente, después la zona norte con Conchalí y Quilicura, para terminar con el poniente y Maipú.

Los llamados son en su mayoría, de mujeres, que son familiares de personas que están pasando por problemas de consumo de alcohol y otras drogas. Generalmente son madres que no saben qué hacer con un hijo adicto o una esposa o hermana alcohólica o con una adicción que lo ha llevado a golpear y ser golpeado, a robarle a quien pueda, a vivir en la calle, a ser detenido y perder su dignidad.

“Recibimos muy pocos llamados de personas de comunas más acomodadas”, dice Margarita. “La gente que tiene más recursos y tiene un pariente con problemas de drogas, lo internan en una clínica y pasa, pero acá no. Acá es mucho más complicado. Nos llaman y lo primero que quieren es que uno los interne lo antes posible y nosotros no hacemos eso”.

Fono Paréntesis es un servicio de ayuda cuya función es entregar información sobre las diferentes vías de rehabilitación que existen para alguien que sufre un consumo problemático de sustancias o necesita contención. Son los servicios de salud, como los consultorios los que derivan a un eventual paciente. Es ahí donde se debe recurrir y son ellos los facultados de derivar a una persona para que empiece un tratamiento y pueda recuperarse.

“Yo al principio me iba mal para mi casa, sobre todo con las historias de las mamás o abuelitas que llamaban por algún problema. Me daba mucha pena no poder ayudarlas más, pero nosotros llegamos hasta acá. Muchas veces uno se iba frustrada de no poder darles la solución rápida que ellos quieren, pero con el tiempo me fui dando cuenta que con el sólo hecho de escuchar a la persona que llama, uno siente que al otro lado del teléfono ya ha hecho algo. No faltan los que se enojan y te cortan o los llamados que son difíciles donde es imposible hacer entender a la persona que no es cosa de tomar a su pariente e internarlo. En esos casos, después de tratar por todos los medios de contenerlo, les pedimos ayuda a las psicólogas y terapeutas para que tomen el caso. Pero en la gran mayoría de los casos terminan deseándote bien. ‘Que Dios la bendiga señorita… que le vaya bien señorita’… y con eso uno queda más que pagada. Pueden ser 20, 30 minutos o una hora de conversación y siempre es gratificante al final”.

“Lo más lindo, es recibir esos llamados de felicitaciones. Tuve una muy linda experiencia con una chica… Ximena me parece que se llamaba. Ella estaba con problemas de consumo y yo la contuve. Hablamos harto, la escuché y le aconsejé que hiciera varias cosas. Pasó el tiempo y un día estando aquí, me llama mi jefa y me dice que alguien me quiere saludar. ¡Era ella! El Hogar de Cristo había organizado un curso de computación para algunos usuarios. Ella estaba en Manresa, una residencia de Fundación Paréntesis y se había inscrito en este taller. ¡Estaba tan bien! Me quería contar que había hecho todas las cosas que yo le había aconsejado y que había logrado dejar las drogas. Se acordaba de mi nombre y de lo mucho que la habíamos ayudado. Decía que se había mejorado en gran parte gracias al Fono Paréntesis”.

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