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Úrsula Garrido, secretaria de Paréntesis: Una emotiva historia de superación

URSU 

Úrsula Garrido, secretaria ejecutiva de Fundación Paréntesis, ha sido parte del Hogar de Cristo desde niña. Esta es una historia familiar de esfuerzo y superación. 

Mi vínculo con el Hogar  de Cristo parte a los 12 años cuando mi mamá nos dice que vamos a ir al Centro Abierto de calle Samuel Escobar en Recoleta. Cuando llegamos nos recibieron muy bien. Era un lugar bonito, acogedor, había más niños y a mí me encantó. Hice buenos vínculos con los tíos, a algunos aún los recuerdo como a Ana María Trincado, Andrés Rivera y algunos que todavía trabajan en el Hogar de Cristo como Adelina Espinoza. Ellos fueron muy importantes en este proceso.

Después de un año, preguntaron a los papás si podían ser voluntarios para hacer aseo en el Centro. Y entre las personas que se sumaron estuvo mi papá, Miguel Garrido. Un día la directora del Centro le dice que estaba la posibilidad de trabajar en el policlínico del Hogar de Cristo que estaba al lado, entonces, lo contrataron indefinidamente y tuvimos que dejar el Centro Abierto porque no podía haber hijos de trabajadores. Eso no me gustó, porque para mí era mi casa.

Sabía que el trabajo era lo que necesitábamos, pero no lo quería dejar, me había encariñado con todos. Así es que le pregunté a la tía si me podía quedar de voluntaria y el tío Claudio formó con todos los gresados un grupo de voluntarios que iba dos veces a la semana. Participábamos de las colonias en Lampa. Y ahí estuve un rato, mientras mi papá seguía trabajando en el policlínico, hasta que un día se cerró el lugar y se fue a trabajar a la Dirección Social con Benito Baranda. Trabajó con él hasta que Benito se fue y después mi papá siguió en Fundación Paréntesis.

TRABAJO CON CARIÑO Y DEDICACIÓN

Me casé, tuve a mi primer hijo y quien era mi marido quedó sin trabajo y yo aunque había estudiado
secretariado, no había trabajado nunca. Así que tuve que salir a buscar trabajo. Postulé a varios lados. No me importaba en qué. Necesitaba trabajar por mi Nicolás. Pensando en eso fui a un lugar del Hogar de Cristo a dejar el currículum. Un día me llaman y fui a entrevista con Paola Pérez para la Comunidad Terapéutica Los Morros, como se llamaba entonces. Fui a la entrevista y me preguntó si sabía hacer tal o cual cosa y yo decía que no.

Y es que yo no aprendí con computador, ni con máquina de escribir eléctrica. Cuando salí dije, de aquí no me llaman nunca más. Pero recibí una segunda llamada de Paola para una nueva entrevista y me dijo que conmigo quería trabajar. Y empecé a aprender. Me fue muy bien todo el tiempo que estuve en Los Morros, estuve seis años ahí. Paola se fue a Manresa, y al año me dice que está la vacante de secretaria y me pide que me vaya con ella.

En Manresa estuve un año, hasta que me llama Sergio Chacón -ex director social de Fundación Paréntesis- a una reunión, para pedirme que me fuera a trabajar a la Dirección Social. Él había consultado por mi trabajo, mis evaluaciones, y entonces decidió que quería trabajar conmigo. No me lo esperaba. El 1 de febrero de 2007 llegué ahí. Echaba mucho de menos el ritmo del programa, los chiquillos que me regaloneaban y yo a ellos que a veces les planchaba sus camisas para que fueran a la escuela.

Estoy agradecida de don Sergio porque él confió en mí. Ahí estuve hasta este año, cuando don Carlos Vöhringer -actual director ejecutivo de Paréntesis-, me llama a su oficina para decirme que iba a ser la secretaria de Dirección Ejecutiva. Y aquí estoy, contenta. Desde cuando llegué a Los Morros siento que estoy devolviéndole la mano al Hogar. Yo no lo conocía, ni al Padre Hurtado. Cuando entré al Centro Abierto para mí el Hogar de Cristo era eso nada más, pero después me di cuenta que no. Lo conocí más cuando mi papá empezó a trabajar aquí y supe que había muchos más lugares.

A mí el Hogar de Cristo me dio la mano desinteresadamente cuando no teníamos siquiera un pan que comer y además me dio la posibilidad de trabajar, primero como parte de Hogar de Cristo y desde el 2005 como Paréntesis. Cada día les devuelvo la mano, por eso trabajo con tanto cariño,dedicación y entrega. Me siento bendecida de estar aquí, una afortunada. Estoy contenta y orgullosa de todos mis logros y vínculos con las personas que he trabajado. Para mí, Hogar de Cristo es lo mejor.